viernes, 20 de diciembre de 2013

"Pels presents i pels ausents"

Las Navidades se acercan. Las Navidades llegan. Las Navidades se van.
Es una época. Unos días. Varias horas largas.
Hay a quien le gusta. Quien las odia. A quien le dan igual.

Cada año, en cada rincón del mundo hay una silla vacía en torno a una mesa llena de calorías, alcohol y demás suculenteces.
No es fácil. No gusta. No apetece.

Si te falta alguien, la Navidad, deja de tener esa magia que dice la tele. Si la ausencia te acompaña, la tristeza en estos días crece. Y no se puede evitar. Es la época de falsa felicidad por excelencia. Los regalos, las luces, los papanoeles que escalan ventanas de vecinas… toda la cuidad se disfraza, al unísono, de color rojo-dorado-pomposo y se dispone a gastar y gastar y gastar y comer y comer y comer. Se brinda, se rebrinda y se vuelve a brindar. Se piden deseos y se hacen promesas.

Si a quien tú quieres no está, tienes la sensación de que el mundo se burla de ti. Y es curioso, porque a todos nos falta alguien. Estoy segura de que bajo ese manto de felicidad y de “winglebells” hay una nota de ausencia y una lágrima para el recuerdo en todas y cada una de las personas que celebra afanosamente estos días.


Miquel, mi compañero de vida, siempre, al brindar, les hace un guiño a todos aquellos que vuelan por las nubes. Sea un brindis navideño, cumpleañero o que celebres algo digno de ser brindado. Al hacer “chin-chin” se le oye decir “pels presents i pels ausents” (por los presentes y los ausentes). Me parece un gesto muy bonito. Le sale automático. Siempre dice que es que él tiene más familia allí arriba que aquí abajo.

Esta será nuestra tercera Navidad sin Cora. La primera dio miedo. Ésta tercera ya me siento más veterana. Tuve la suerte de pasar una con ella. Un mes antes de que nos dejara. Fue bonito, la verdad. Toda la familia halagando tu barriga, haciendo planes, bromeando con el siguiente año, me hicieron regalitos… esos planes se quedaron intactos como los polvorones malos que llegan a primavera sin ser catados. Y ya nunca más nadie se atrevió a fantasear.

La primera, la más difícil por el simple hecho de ser la primera, fue la más triste y la más alegre. Hacía apenas un mes que sabíamos que una pulguita crecía en mí. Aprovechamos los encuentros familiares para dar la noticia disimulando lágrimas y forzando sonrisas.
La verdad es que ayudó mucho a pasar esa incómoda visualización de cómo debería estar siendo esa Navidad.
No puedo decir que esta época sea especialmente triste para mí, porque tampoco es especialmente alegre. Solo hay una cosa que me duele y no puedo evitar, y no es que sea propia de la navidad. Me punza cada vez que hay reuniones familiares. Siempre hay alguien que entona un “qué bien, ya estamos todos”. Lo noto como un cuchillo. Sé que es cosa mía, pues es cierto, estamos todos los convocados. Pero a  mí me duele. Para mí nunca estaremos todos. Siempre faltará ella.

Realmente la muerte es muy suya. Viene, arrasa y se va. Sin más. Hay veces que avisa, aunque nunca se está preparado. Y el dolor duele igual.

Este año, por tercera vez consecutiva, no habrá un regalo bajo el árbol para ti. Sé que no vendrás a las cenas ni comidas. Y que no te pondré un vestido nuevo. Este año, una vez más, brindaré con tu ausencia y tocaré tu recuerdo.
Empieza un  nuevo año sin ti. Nuevas experiencias, nuevas oportunidades, nueva vida por vivir.

Te seguiremos echando de menos, mi petita. Seguiremos dándole color a la vida que nos ha tocado vivir y le pondremos todo nuestro amor a cada cosa que hagamos. Solo de esta manera podremos hallar esa felicidad tan buscada en estos días de fiesta.

Por y para ti, Cora. Hemos apostado por ser felices, pese a tu ausencia. Eso duele, cariño, duele mucho, pero entendemos que tuviste que marcharte y lo respetamos. Ahora queremos mantener vivo tu recuerdo y mantener viva nuestra vida. Sea Navidad o el día que sea. Sé que allá donde estés te contagia nuestra felicidad. Ojalá fuéramos 4. En realidad somos 3 + 1. Pero pesa a todo, somos una familia preciosa.

- Que tengáis unas fiestas llenas de lo que queráis. -


lunes, 25 de noviembre de 2013

Llibert

Llibert  nace para morir. Como lo hacemos todos.
Él, a diferencia de la mayoría, concentra su vida extrauterina en solo 15 días. 2 semanas de amor, espera y agonía. Sus papás, que lo aman por encima de todo, se topan con la más difícil de las decisiones para unos padres: escoger entre la vida o la muerte de su hijo.


Esta historia es una de tantas que sucede en el día a día de cualquier hospital con UCI de Neonatos. Donde tantas familias luchan esperanzadas por darles a sus hijos un futuro digno de vivir.

Desde que empezó la función hasta que acabó, brotaron generosamente lágrimas de mis ojos. Me invadió una mezcla de identificación, dolor y brutalidad que me transportó a mi momento fatal. Ese en el que se me comunicaba que la muerte de Cora, como todas las muertes, era irreversible.

Desde hace un tiempo la palabra valentía (en todas sus formas posibles) la uso cuando de verdad la ocasión lo requiere. Y ésta es una de ellas.
Mi mayor admiración para estos papás, que abren de par en par las puertas de su corazón para explicarle al mundo qué significa la muerte de un hijo con casi todos los detalles.
Digo casi todos, porque todos, es imposible recogerlos.
Esa montaña rusa de emociones que sabes dónde empieza pero no dónde acaba. Las idas y venidas. Los diagnósticos inentendibles de bocas con ojos. El papeleo al que siempre le falta un sello. La vida frenética de fuera que no se detiene. Las salas de esperas eternas… Y todo ese submundo en el que vives cuando la vida de tu hijo se acerca a la muerte.

Me parece un acto tan generoso el de estos papás… No sé si son conscientes de la ayuda que nos están brindando al resto de familias que hemos sufrido, y a los que sufrirán, al vivir la muerte de su bebé.
Cada persona a la que lleguen será una más. Una más que va escuchar lo que tiene que gritar una mamá en duelo perinatal.
Esta obra grita verdades y no calla silencios.
Mata al miedo y vence a la vida.
Canta milagros y sueña en directo.

Llibert nace para morir y poder así (haciendo honor a su nombre) ser libre.

Gracias por hacerlo visible, posible y entendible.


viernes, 22 de noviembre de 2013

Día Unviversal de los Derechos de los Niñ@s

El 20 de Noviembre se celebra el Día Mundial del Derecho de los Niños y Niñas.
Os comparto una bella imagen que recoge los derechos de los que deberian disfrutar los más pequeños cuando hablamos de muerte y duelo.


Gracias a los compañeros de Ayuda en el Duelo (www.ayudaenduelo.com), y de Artmemori (www.artmemori.com) por la imagen.
Os la he tomado prestada.  ;)

jueves, 21 de noviembre de 2013

SORTEO Calendario 2014

Me apetecía hacer un sorteo. ¿Por qué? Porque sí. Así, sin más. Lo he preparado con mucha ilusión y con mucho amor, así que espero que os guste.
Lo mejor de los sorteos son los regalos. Éste no es un regalo que vale millones, pero es bien práctico y desprende buen rollo y felicidad. He ilustrado un calendario del 2014 con imágenes bonitas y frases positivas para convertir una pared simple en un rincón donde concentrar tus planes y propósitos del 2014.
·        ¿QUIÉN PUEDE PARTICIPAR?
Todo aquel al que le apetezca.
·        ¿CÓMO?
Bien fácil. Solo hay 3 requisitos: Pincha aquí (entrarás en Facebook y podrás apuntarte)
- Ser fan de la página. Si aún no lo eres, ¿a qué esperas? Dale al “me gusta” y listo, ya eres fan.
- Comparte el sorteo en tu muro (dale a la pestañita “compartir” de arriba. Hazlo de manera pública para que pueda ver, si resultas ganador, que cumples el requisito).
- Participa en el evento del sorteo. Confirmando que “asistirás”. (A cada participante le asignaré un número, por orden de participación).
(Si además quieres compartir mi  página, invitar a tus amigos, o contarle al mundo entero que sorteo un calendario, pues estaré encantada. No es un requisito, pero la difusión siempre es bienvenida).
·        ¿CUÁNDO?
Puedes concursar desde hoy mismo hasta el día 1 de diciembre de 2013.
Publicaré el ganador el lunes 2 de diciembre, en Facebook.

El sorteo lo realizaré mediante la web Sortea2. Introduciré todos los números participantes y el azar decidirá el afortunado.
Si resultas ganador, debes enviarme un correo a duelocondoula@gmail.com, con tus datos y dirección completa para que pueda hacerte llegar el premio.

¡¡Mucha suerte a tod@s!!

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Tu globo.

Estos días Post-Diada (de Petits amb Llum), he recibido varios correos de mamás agradecidas que me escriben para contarme cómo vivieron la celebración del pasado sábado 19 de octubre.
Me ha llamado la atención  que más de una me explica que les pasó una cosa curiosa con su globo.

Para los que no sabéis de que va, os hago un breve resumen. Desde hace 3 años, en la Asociación Petits amb llum celebramos una jornada en memoria de todos los bebés fallecidos antes o al poquito de nacer.  Uno de los momentos más emotivos del acto es una suelta de globos que lanza cada persona que asiste y que tiene a su retoño acunado en una nube.

Cada globo lleva su estrella. Una estrella que aguarda ser rellenada con un mensaje que irá directo al cielo. A los papás nos gusta imaginarnos que todos los petits esperan con impaciencia a que llegue el suyo para leer su mensaje y, luego, jugar con él.

El primer año que participé hacía apenas 8 meses desde el inicio del viaje de mi nena, y ese globo, para mí, cobró un significado tan especial que soltarlo se me hacía imposible.
Sin querer me fusioné con él y sentía que ese globo era mi Cora. En el momento del lanzamiento no podía, no quería, dejarlo ir.
Los demás compañeros voladores, habían emprendido su viaje al infinito mientras que el mío aguardaba paciente en mi mano.
Me decido al fin. Lo suelto. Espero que se alce y se pierda ante mis ojos en la entrante noche. Para mi sorpresa, no vuela, se desplaza de lado a ran de suelo. ¿Por qué? ¿A dónde no va?
Se queda. Lo cojo, lo vuelvo a intentar…
Nada… no quiere volar.
Lo abrazo entre mis manos. Lo miro. Con la mayor de las ternuras le hablo: Cora, has de irte. No puedes quedarte aquí más. Cariño, ahora tienes que volar. Eres libre.
Y como si le hubiera otorgado la virtud del vuelo, voló.


Para mí, ese globo significaba mucho más que una esfera de látex con helio atrapado.
En ese globo iban todas mis ilusiones, mi amor y gran parte de mi maternidad. Con él se iba un trocito de dolor, de lágrimas, de temor. Lanzaba a volar mi mayor logro y mi mayor derrota. Con ese globo se iba un trocito de ti, Cora, y se iba hacia el lugar donde elegiste estar.

Estos correos recibidos estos días, de mamás que me cuentan anécdotas similares con sus globos, me han hecho recordar lo importante que fue para mí esa despedida. Siempre explico que esa magnífica celebración fue el funeral que Cora nunca tuvo, y despedirla como se merecía me dio la liberación que necesitaba para adentrarme en la aventura de volver a ser mamá.

Al mes siguiente, mi intuición se alertaba de que el amor volvía a latir dentro de mío. Todo mi cuerpo se entregaba a la naturaleza y éste empezó su impecable tarea de crear a vida.

Con tu globo fui capaz de ponerte un punto y aparte en mi día a día. Un espacio que me hacía sentir la distancia justa para poder volver a sonreír sin culpa y vivir sin miedo. Un final que te puse para empezar un nuevo principio.
Este final no es el olvido, es el recuerdo. Ese recuerdo por y para siempre. Ese guiño permanente entre tú y yo. Entre la vida y la muerte.

Te prometo un globo cada año, y una sonrisa cada día. Cada cosa bonita que hago, te la dedico.
Y es que tú, mi petita, has sido mi principio sin fin.






Fotografías 2 y 3 de Norma Grau.

martes, 15 de octubre de 2013

Día Mundial de la Muerte Perinatal y Neonatal

Estos días ando con el entusiasmo a flor de piel, y es que estoy inmersa en los preparativos de una celebración, para mí, muy especial.
No es una novedad, para lo que vivís el día a día conmigo, que me oigáis hablar de las cosas de petits. Siempre hay algo que hacer, siempre hay papás que atender, o cosas que organizar.
Pero cuando se acerca octubre, el stress se multiplica por mil, y las horas se aceleran y se acortan unos 30 minutos. Me falta día y me sobra sueño para poder abarcar todo lo que mi mente planea y me encantaría poder disponer de siete manos y tres cabezas.

Este será el tercer año que desde petits amb llum celebremos el Día Mundial de la Muerte Perinatal y  por todo lo alto.
Así, llamado por su nombre puede crear cierto rechazo, pero tenemos la habilidad de convertir la pena en alegría, cambiar las lágrimas por sonrisas y honrar a nuestros bebés como se merecen. Es por eso que hacemos una fiesta y te invitamos. Queremos darles un brillo celestial a nuestros bebés de luz.

La primera Diada fue preciosa. Hoy he querido recuperar el pequeño texto que escribí, a petición de Mónica Álvarez, para la web de duelo gestacional y perinatal (www.duelogestacionalyperinatal.com) :

“Petits amb Llum” es una asociación de papás, mamás y familiares que un día tuvieron que dejar marchar a sus bebés. El pasado 15 de Octubre celebramos nuestra primera Diada.
La hicimos coincidir con el Día Mundial de la Muerte Perinatal y Neonatal que a día de hoy sigue siendo un tema tabú en nuestra sociedad.
Fue una jornada tierna y dulce. Decorada con amor y sencillez. Abrigada por abrazos y lágrimas. Creada con sonrisas y vida.
Un día para el recuerdo. Un día para tantos bebés que cambiaron la cuna por las estrellas. Los brazos de sus papás por la luz de la luna. Las caricias de sus seres más queridos por las lágrimas de amor que siempre nos despertarán.
Nuestros bebés brillan y brillarán siempre.
Cada vez que les recordamos, viven.
Cada vez que les nombramos, vibran.
Cada vez que les soñamos, aparecen.

Gracias a cada persona que estuvo allí y aportó su granito de amor a nuestro proyecto de luz. Gracias por vuestras manos, vuestra voz, vuestra música, vuestras fotos, vuestros pasteles, vuestros globos. Gracias por vuestras manualidades, vuestras aportaciones, vuestras risas, vuestras lágrimas, vuestro tiempo, vuestro calor. Gracias por  vuestros aplausos, vuestra sencillez, vuestras emociones, vuestros abrazos, vuestra sinceridad.
Gracias por ayudarnos a darle nombre a cada uno de nuestros hij@s que existieron un día en la tierra y existirán para siempre las estrellas.

Noelia, mamá de Cora (una petita amb llum).

Sin duda fue la celebración más emotiva que he presenciado jamás. Para mí, fue el funeral que Cora jamás tuvo. La despedida que necesitaba hacerle, y que pude realizar 9 meses después de que estrenara sus alas.
Curiosamente, al siguiente mes, me embarazaba de Adai. ¿Casualidad? No. Simplemente necesitaba darle a Cora su lugar, y al hacerlo, dejaba espacio para que otro bebé llegara. Y llegó.

Animo a todas las familias que han perdido uno o más hijos, a que se acerquen a compartir este día con nosotros. Y a las que no, que vengan también, que celebrar este día entre mamás y papás de todas las índoles y características es lo que normaliza las pérdidas.
Que aunque nos una la muerte rebosamos vida.

La celebración tendrá lugar el próximo sábado 19 de octubre, en la Plaza de la Concòrdia de Barcelona, en el barrio de Les Corts, de 10 a 14h.
Me encantará veros por allí.
Para ir abriendo boca, os dejo el vídeo que monté hace dos años, con las imágenes de la primera Diada.


Gracias por ayudarnos a Romper el Silencio, este duelo existe.



miércoles, 9 de octubre de 2013

Tendré que imaginarte

Suena mi teléfono nuevo. Me cuesta identificar de dónde sale ese ruido estridente. Es la primera llamada que recibo.
Al otro lado, una voz dulce que pregunta por mí. Es mi ginecóloga. He estado esperando su llamada desde hacía semanas. No me había atrevido a esperar con impaciencia, ya que sabía que tardaría en llamar.
A principios de septiembre fui a verla. Hacía meses que tenía una pregunta muy importante que hacerle. Me inquietaba el interrogante porque me daba terror la respuesta, y hoy, ha llegado.

“¿Recuerdas lo que me pediste?, siento decirte que no. He hablado con la patóloga y no hicieron fotos (de Cora). Solo las hacen, por protocolo, cuando el bebé sufre alguna malformación, para dejar constancia. Lo siento mucho.”

Le contesto cordial y amablemente. Pero noto como mi corazón se va desquebrajando poco a poco. Me despido de ella sin dejar que amanezca la emoción que intuyo. 
Cuelgo. Respiro hondo. Intento controlar mis lágrimas. Estoy en casa de mis padres y no me apetece que me vean llorar. Se lo digo a Miquel. Nos miramos un segundo y cruzamos algunas palabras. No quiero sentir el dolor que siento. Me trago mi sentir y avanzo hacia el comedor. 
Adai juega encantado con su “yayi”. Lo miro y me pregunto si Cora hubiera sido tan rubita, de piel tan suave y de sonrisa permanente. No lo sé, y jamás lo sabré.

Me atreví a pedir su foto porque se me olvida su cara. No sé cómo no pensé en fotografiarla  yo misma cuando nació. A veces me odio por no haber sabido pensar en algo tan simple. Todas mis posibilidades por volver a verla se esfuman tras esa llamada.

Quiero su foto porque ya no sé si la recuerdo a ella o recuerdo la imagen que he creado de pensarla tantas veces.
Cuando la conocí físicamente, a primera vista sentí decepción y rabia que no supe expresar. La comadrona tuvo la brillante idea de censurar sus ojos y su boca con unos esparadrapos trasparentes. Vetó su mirada inerte y su boca pálida. ¿Qué quiso esconder? Mi hija era la más bella pese a que rebosara muerte. Aquella señora inculta emocional me prohibió, con sus celos tajantes,  que contemplara a mi nena en su totalidad, tal y como era.
Con un gorrito y una sábana verde, quedaba escondido el resto de su cuerpo. Quise verla toda, pero no pude. Estaba envuelta como el mejor de los regalos, deshice vueltas y vueltas de tela de quirófano, y su cuerpo no aparecía. Decidí no desenvolver más, y quedarme con la imagen de su cara solamente.

Hoy me arrepiento. Me arrepiento con todas mis fuerzas. Estoy rabiosa. Tengo charcos en los ojos y cemento en la garganta. No supe hacerlo mejor. Y a veces, no me perdono por ello.
En ocasiones me cuesta comprender que hice lo que pude. Bastante tenía con recibir a la muerte, yo que esperaba, inocente, a la vida.

Hoy, 2 años y 8 meses después, sé que jamás volveré a verte.
Tendré que conformarme con imaginarte porque sé que el recuerdo de tu cara se irá difuminando, cada vez más, hasta convertirse en un sueño.
Me voy a dormir con el deseo intenso de soñarte como antes, como nunca, como siempre. Necesito verte, una vez más, mi Cora. Quedamos en el único lugar que podemos vernos, a solas, en secreto. Ven a mis sueños, te espero allí.

Hoy, se reabre un poquito la herida, y cierro un capítulo más de tu corta vida y tu eterna huella. Te quiero, petita.